Amanece, plátano es

4.23.2006

Preocupaciones de un librero parisino

El precio de un traje de alpaca, aun contando con el generoso trato que siempre me dispensa Monsieur Dupruit.
Cómo conseguir un buen café torrefacto sin recurrir a mis contactos portugueses. Nunca se sabe...Si los secuestran...¿qué café podría beber?
El ascenso en calidad del champagne Mumm...¿tiene algo que ver con alguna novela de Dan Brown? ¿Algún secreto cabalístico?.
La extraña pulsión de no llevar ropa interior. Aún a pesar de las inclemencias del tiempo.
¿Debería dejarme barba?

4.09.2006

Una nueva vida, que es igual que la anterior

Decía Chesterton que cuando se deja de creer en Dios, se empieza a creer - con una fé inquebrantable - en cualquier cosa. Tras el asunto Pendergast yo he dejado de creer en la justicia, que me ha permitido vender los bienes de los ausentes, confiando en que mi forma suave, pausada y educada de decir las cosas hacía imposible que yo fuera un asesino y un usurpador. Cuando se ha dejado de creer en la justicia minúscula ( en la mayúscula sólo deben creer algunas almas cándidas, en número no superior a seis en todo el orbe ), sólo le queda la Legión Extranjera o las librerías de antiguo; habiendo ya pasado por las privaciones de la milicia, he pagado el traspaso de un pequeño establecimiento especializado en Julio Verne, cerca de la parisina plaza de Saint Sulpice, desde donde veré pasar las gotas de lluvia y las sirenas de la Sureté, y desde donde espero contarles los verdaderos crímenes e infamias: los que quedan cubiertos con una sonrisa y una discreta corbata de Hermés.