Amanece, plátano es

10.25.2005

Preferiría no hacerlo.

He recibido varias cartas y notas. Algunas de pésame. Otras, facturas impagadas. Las restantes me preguntan si es cierto que el Sr. Pendergast ha muerto y si, a pesar de ello, volverá. Me temo que el episodio referido anteriormente es real, y no tiene similitud alguna con otros episodios ocurridos en cataratas, con resultado más afortunado para el personaje en cuestión, que pudo volver de entre los muertos.
Lamentablemente, el Sr. Pendergast murió. Se llevó a la tumba muchos secretos, que a lo mejor eran simples cuestiones ordinarias y cotidianas, pero que una muerte tan inesperada ha envuelto en un velo de intriga. Y tras su muerte, la vida sigue.
La señora Pedecaris se ha hecho feminista radical, sufragista en activo y escribe en una revista fabiana un consultorio sentimental.
Yo, por mi parte, he asesinado a la señora Pendergast, he disuelto su cadaver en ácido y he hecho creer al vecindario que se marchó al exranjero, sin dejar señas, desesperada por las incógnitas de la muerte de su marido. Acabaré esta nota y saldré a dar una vuelta por el jardín, que ahora es mi jardín.
Puede que plante algunas hortensias. Aunque puede que ahora no sea la época.

10.19.2005

Final en Creta

El Consulado Británico en Creta nos ha remitido un telegrama indicando que el cadaver de Percebal Pendergast había sido encontrado en los alrededores del monasterio de Toplós, impecablemente vestido, y sin señales de violencia. Entre sus efectos personales, se encontró una nota dirigida al Consul en la que indicaba, además de una cuenta abierta en una entidad bancaria local con fondos para sufragar sus exequias, que no deseaba ser repatriado a su ciudad de origen, sino enterrado en esta isla.
Sinceramente, no me sorprendió. Lo sorprendente es que no lo hubiera hecho antes

Noticias desde el escepticismo

He recibido una carta del Sr. Pendergast, enviada a la lista de correos del pueblo. No puede ser más escueta. "Nada es por azar. O si".

El matasellos es de Malta, fechada hace seis dias.

Dentro del sobre hay una pequeña mata de romero.

10.13.2005

Una desaparición, dos viajes, tres malentendidos

Personalmente creía que el matrimonio Pendergast había salido de viaje. La señora Pendergast pensaba, sin embargo, que era el Sr.Penderast el que se marchaba ( y así se lo dijo a la criada, para que colocara almidón extra en los puños de las camisas, que se arrugan mucho en los viajes), y el Sr. Pendergast no pensaba hacer viaje alguno, sino descerrajarse un disparo con la escopeta de caza en la cabeza, para lo que no necesitaba ni maleta, ni camisas con extra de almidón ni, desde luego, la presencia de la Sra. Pendergast. Son cosas que, por pudor, por procedencia, por la propia esencia del acto, es necesario realizar en la acogedora soledad.
¿Qué motivos tenía el Sr. Pendergast para acabar con su vida? Bueno, en realidad ninguno. Es más, siendo abogado, el hecho de que se descerrajara un disparo de postas en la cabeza no significaba, necesariamente, que colocaran el cartel de "Final de Trayecto"; pero, aun admitiendo que pudiera perder la vida, no tenía ni más ni mejores motivos que usted, usted o usted para pegarse un tiro. El Sr. Pendergast, en todo caso, es un ferviente animista, de manera que no considera la muerte como un final, sino como una etapa. Una de tantas.
Personalmente no comparto esa visión tan arriesgada de la vida ( más que nada por la posibilidad de que el animismo estuviera basado en un error conceptual dramático y no pudiera encontrar a ningún responsable que me devolviera a mi estado anterior, esto es, vivo y coleando), y aun sin saber que el Sr. Pendergast tenía esas ideas en la cabeza ( ideas que, en breve, dejarían de estar allí), le había propuesto dos alternativas de viaje: a Paris, alojándonos en la casa de Z., buen amigo mio y que, de seguro, se alegraría de enseñarnos las más bizarras diversiones de la ciudad; o, alternativamente, a Tanger, a imbuirnos en el misterio de catálogo de viajes que tiene esa plaza.
Pendergast no tomó ninguna decisión, que aplazó hasta que hubiera sulfatado los pulgones de los rosales del cercado.
Sin embargo, aquella mañana, cuando desperté, Pendergast no estaba. Y los pulgones aun seguían allí.

10.05.2005

Parte de guerra, con rouge

Los Pendergast siguen fuera. La señora Pedecaris vió, inadvertidamente, a su homónima en "El viento y el león" y aún no se ha recuperado del ataque de ego sufrido. Yo sigo cuidando las hortensias, fumando a la caida de la tarde y leyendo La Divina Comedia.
El tiempo pasa con la rapidez de un liquen.