Amanece, plátano es

5.30.2005

Dulce et decorum est pro patria mori

La Sra. Pedecaris pretende publicar sus memorias galantes. Con un falso sonrojo y un frufrú de enaguas pasea una carpeta roja llena de folios escritos con letra infantil, en el que refiere con iniciales intensos romances y batallas de alcoba de una Emma Bovary de provincias. Eros triunfante. Cuando aparece por la casa de los Pendergast, el Sr. Pendergast otea el final del camino por donde ella avanza y, según la vea con la carpeta, ya advierte: "Ejem...Creo que hoy tenemos te con mentiras y boas de plumas...".

5.24.2005

Pedecaris and company

La Señora Pedecaris nunca viene sola. Tras de si arrastra un sinnumero de comentarios innecesarios, que suelta como una activista pro derechos de las chinchillas habría en una razia contra una granja de su cría. Habla y habla sin parar, con una medida incontinencia verbal que le hace colocar estratégicamente, entre inocentes comentarios algodonados, frases que hieren como un látigo de fuego a quien las escucha, que prefiere hacer como que no las ha escuchado. Habla de cortinas, de las carreras de Ascot, del sufragio universal, de lo cara que está la vida, de sus viajes soñados, de que las costumbres morales han de cambiar, del ideal fabiano, de la cosecha de patata, de las necesarias reparaciones efectuadas en su casa, de las mejoras necesarias en los jardines ajenos. De repente, cuando lo considera oportunos ( siempre, demasiado tarde para quienes la han escuchado), se pone en pie como impulsada por un muelle invisible, y se despide, dejando tras de si alguna frase que retumba aun en el fondo de la chimenea y alguna infamia que languidece junto a los terrones de azucar.
"Ejem....Creo que, en fin....- dijo el Sr. Pendergast, rozándose suavemente la ceja derecha - ejem...deberiamos colocar algún cepo para osos en la entrada de la casa...En fin...Sin la debida...ejem...señalización...".
Nunca he estado más de acuerdo con nadie.

5.11.2005

Incomodidad en sociedad

La señora Pedecaris, la siempre incómoda vecina de los Pendergast, ha vuelto. Catorce veces he contado, desde la galería del jardín, el paseo de su sombrilla por el camino de las petunias. "Creo - ha añadido Clovis- que esta tarde nos espera un no deseado té con lengua bífida". El Sr. Pendergast se ha escondido tras el humo de su pipa.