Homo Homini
El Sr. Pendergast se inscribió en un foro, para comentar con otros internautas sus peculiares - y no por ello menos eruditas- opiniones sobre la música medieval española y su tránsito hacia el Renacimiento. Lo dejé disfrutando de los comentarios de otros internautas, no menos eruditos, que rebatían, asentían, ampliaban o continuaban sus referencias. No pudo evitar la tentación de ampliar sus opiniones a otros asuntos ( literatura, gastronomía) y a algunos otros más ( la ropa interior masculina como medida de la elegancia, las pepitas de las sandías y lo molestas que resultan). Hace una semana, coincidí con él y le pregunté por su reciente afición. "Humm...En fin....Resultaba muy...ejem...digamos, perniciosa para mi salud...la tensión, ¿sabe?...". Al mostrarle mi extrañeza, de cómo una actividad tan moderada pudiera afectar a su salud, me indicó que quienes eran extraordinarios comentaristas de música, se habían revelado como excesivamente apasionados polemistas en otras cuestiones, hasta el punto de llegar a cruzarse notas y padrinos; que de un tema nimio surgían ataques desproporcionados. Le pregunté si nadie actuaba regulando esas intensidades. "Ejem....Bueno...Ya sabe: dicen que la mejor forma de regular es no regulando, hasta que se regula. Es como un muelle que, tras mucho tiempo de contención, se suelta, y en su trayectoria siempre termina dando en el ojo de un transeunte que no tenía nada que ver con el muelle, con su contención ni con la maquinaria...Algo muy humano....".
Ahora, según me comentó, solo escribe en pequeños papeles, del tamaño de una servilleta. Y cuando acaba su comentario sobre los Canticum Hebraicum, de Saladin, hace un avioncito de papel y los tira por la ventana en dirección al estanque. La Sra. Pendergast considera cree que las carpas del mismo andan misteriosamente alteradas desde hace algunos dias, y no consigue adivinar la causa.

